La huella que quita el tiempo

Hoy ha empezado el nuevo sistema de marcaje en la empresa en la que trabajo (de aquí en adelante “el cliente”). Un nuevo sistema por huella digital (de aquí en adelante “el truño”) que sustituye el de tarjetas que mezclaban código de barras y cercanía por chip (“lo que funcionaba”). No sé de quién (“el incauto”) ha sido la brillante compra (“la cagada”), pero se han lucido (“la han metido hasta el fondo”).

Según contrato con mi empresa (“Marina (se hace) d’Or S.A.”) tengo que cumplir una jornada de 8 horas más una para la comida. Hasta aquí todo correcto.

Resulta que con lo que funcionaba, cuando subíamos al comedor, marcábamos salida en un terminal junto al mismo, una vez dentro había otro terminal en el que elegías el menú del día siguiente y te salía un papelito con el del día corriente y, tras terminar de comer marcábamos entrada de nuevo a la salida del comedor. Si comías en treinta minutos pues treinta que “metías extra” o que podías dedicar, como hacía yo, a salir al bar de enfrente (“la segunda oficina”) a echar unas risas con los compañeros y amigos (“la peña”), y de paso a tomar el cafelito y un par de pitis (“el break”), marcando salida en la puerta principal y entrada al volver. Es decir, el sistema que funcionaba registraba fielmente la hora que yo no había estado trabajando.

Bueno, pues ahora resulta que el truño no funciona así. Al llegar al comedor ya no hay terminal de salida/entrada. Solo está el de elección de menú y el truño empieza, automáticamente, a contar cuarenta y cinco minutos que es el tiempo en el que se estima vas a comer. Claro, yo sigo comiendo en media hora y salgo al break otra media, así que se produce un espacio de quince minutos en los que tengo el poder de la ubicuidad, estoy comiendo y en la segunda oficina con el cafelito. ¿Qué hace el truño ante esto? Pues no, no hace lo más normal del mundo que sería parar esos cuarenta y cinco minutos y empezar a contar la salida que he tenido que marcar para salir a la segunda oficina hasta la nueva entrada, el jodido los suma. Es decir, que para el truño yo he estado setenta y cinco minutos fuera de la empresa.

Si sumamos quince minutos al día son hora y cuarto a la semana, por cuatro semanas al mes nos da cinco horas, que no es que sea una millonada, pero sesenta al año sí que es para pensárselo, más aún si se supone que las tienes que recuperar.

El caso es que el truño tiene otro fallo, justo el contrario. Si yo me pego una hora en el comedor sin marcar salida ni entrada, disfrutando de mi correspondiente hora para comer, sólo me cuenta cuarenta y cinco minutos, luego ahí es el cliente quien me paga un cuarto de hora extra.

Consultado el departamento de personal, quien gestiona estos temas, he obtenido la siguiente sentencia… “es que el programa (el truño) no está pensado para estas peculiaridades, es muy estándar…”.

¿Cómo? ¿Un programa de esta generación y a estas alturas del siglo XXI no está pensado para ser personalizable? ¿Qué está hecho en Logo o en Basic? Pues no sé, pero al comercial ("el listo") que le ha encasquetado esto al incauto seguro que le han hecho empleado del año.

No sé cómo acabará esto (ya he advertido que no pienso cambiar mis rutinas por un programa mal diseñado que no es culpa mía que no sea personalizable), os mantendré informados :)

Aunque si hubiese chicas así en el cliente tomando café igual no salía a la segunda oficina...
















P.D.: Si alguien se lía le puedo hacer un croquis con lo de las entradas y salidas y las horas...