The binary day (capítulo 1)

Sé que últimamente no entro mucho a escribir cosas... demasiados proyectos... mucho trabajo en la empresa, y un par de proyectos personales que espero que salgan bien. Uno de esos proyectos es una especie de "netnovela" (por parodiar lo de "radio-novela"), de la que no os puedo aventurar mucho, solo que se titula "The binary day", y que empieza así... (espero que os guste o que al menos os llame la atención).
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Viernes 1 de octubre de 2010, Centro de Tecnologías Aplicadas del Pentágono, Washington DC, 11:00 hora Zulu.

  • Mark, creo que deberías ver esto – levantada por encima de las paredes del cubículo.
  • No tengo tiempo Enma, me voy a clase de Sho-Kun – terminando de ponerse el abrigo y a punto de salir por la puerta.
  • ¿Tu profesor de Sho-Kun se llama Nekoto Shuribaza?
  • ¿Cómo sabes eso?
  • De la misma forma que sé que siempre pides la taquilla número 24 porque está en el extremo del pasillo más cercano a la salida, por si tienes que salir de urgencia – y se vuelve a sentar.
  • ¿Pero qué…? ¿Cómo…? – girando para entrar en el cubículo de Inma.
  • Te lo he dicho… deberías de ver esto… – señalando el ordenador.
  • ¿Qué es?
  • Es una web. Ayer nos llegó este sobre con esta hoja de papel en la que solo estaba esta dirección. Como andaba liada no la he visto hasta ahora… y me está empezando a asustar.
  • Está todo en negro ¿eso te está asustando? ¿Has subido el contraste? – con tono irónico.
  • “Hola Mark, ¿cómo estas? ¿Mejora tu luxación lumbar?” – aparece en pantalla.
  • ¿Pero qué? ¿Es una broma?
  • “No Mark, no es una broma, es la forma que tengo para demostraros que voy en serio y que puedo hacer… cosas… hasta que logre hablar con él”.
  • ¿Con “él”? ¿Quién demonios es “él”? ¿Cómo nos está escuchando?
  • “Él” es el presidente… quiere “hablar” con el presidente… y de cómo nos está escuchando, no tengo ni la menor idea.
  • ¿El presidente?
  • “Si Mark, el presidente. He de hablar con él. Y vosotros vais a hacer que sea posible” – aparece de nuevo en la pantalla del ordenador.
  • Si, claro, para eso estamos… cierra la página y rastrea las conexiones, si ha llegado a utilizar los recursos de tu ordenador está violando la seguridad del edificio y eso es un delito… ¡Se te va a caer el pelo amigo!
  • Ya lo he intentado, y no puedo cerrarla. Ahora cada vez que enciendo el ordenador es lo único que aparece, y he tratado de seguir el rastro pero… al parecer el origen está en la propia sala oval.
  • ¿De la sala oval? ¿De dónde? ¿Del mismo portátil del presidente? Eso es imposible… seguro que se puede rastrear en profundidad saltándose los “desvíos” que haya interpuesto… pero apaga el micrófono anda, que nos sigue escuchando.
  • Da igual – apagando el ordenador. Hemos tratado de hacerlo a conciencia y el resultado es siempre el mismo, la señal tiene el origen en la sala oval.
  • Llama a Mike, que venga cagando leches, esto es muy raro.
  • No le va a hacer ni puñetera gracia… sabes lo poco que le gusta que le hagan venir durante sus vacaciones con la niña. Es la única vez al año que la puede ver.
  • Da igual, que venga, si luego es una tontada ya me comeré yo el marrón, pero ahora mismo esto ya me ha mosqueado demasiado, no quiero correr riesgos.
  • ¡Tú mandas jefe!
Mientras tanto, en Bruselas, una niñita de 10 años entra en la cocina buscando su merienda de las cinco tras haber estado jugando unas horas en el despacho de su papá, George Coupes, un prestigioso experto en telefonía móvil.
  • Mamá… ¿qué es un día binario?
  • ¿Qué es un qué? ¿Binario? ¿Dónde has visto eso cielo?
  • En el ordenador de papá, estaba abierta y ponía eso…
  • No sé cielo, puede que sea algo del trabajo de papá, al menos suena a algo aburrido relacionado con las matemáticas…
  • ¿Qué suena a aburrido? – pregunta George.
  • Nada cariño… Alice, que ha visto algo en tu ordenador…
  • ¡Ah! Eso… bueno… algo que me han enviado por mail, no sé, es una estúpida cuenta atrás, nada más. Me voy a trabajar y hoy vendré tarde, tenemos que terminar la presentación para esa estúpida feria en Madrid. Con eso de que están de presidencia de la UE parece que les tengamos que reír todas las gracias.
  • De acuerdo cariño, ¡y felicita a Sebastien, es su cumpleaños!
  • ¡Sí! – mientras cierra la puerta tras de sí.
Nada más montarse en el coche, el teléfono de George comienza a sonar, con número oculto, algo extraño porque George, como buen experto, tiene discriminadas las llamadas que no se identifican.
  • ¿Pero qué…? ¿Sí? ¿Quién es?
  • ¿No tienes curiosidad? ¿No has visto a dónde conduce la cuenta atrás?
  • ¿Seb? – tratando de identificar la voz, que suena bastante a metálico.
  • No, Sebastien está llegando a Madrid para preparar el stand del SIMO. Además, tienes su número en memoria y te aparecería, y deberías saber que el roaming no impide ver el número que realiza la llamada.
  • ¿Quién es usted? ¿Cómo tiene mi número? ¿Y cómo consigue saltarse el filtro de restricciones?
  • No amigo, no… no te voy a dar todas las pistas. Primero piensa, ¿a qué conduce la cuenta atrás?
  • ¿Qué? ¿Me mandó usted esa dirección? ¿Qué?
  • Adiós Sr. Coupes, que se lo pase bien en Madrid, si termina por ir…
  • ¿Qué? ¿Oiga? ¿Oiga?
Ya nadie contestaba, y con esa modificación metálica aun en la cabeza, George se dirige a su trabajo en la Comisión Europea, en el Grupo Asesor en temas relacionados con las Telecomunicaciones. Hoy va a ser un día muy duro de trabajo para George ya que en pocos días la Comisión presentará un nuevo paquete de medidas en el campo de las comunicaciones móviles que han causado bastante revuelo ya que, según los sectores más radicales, recortará libertades individuales y pondrá en claro peligro las comunicaciones privadas, algo muy parecido a lo que pasó a primeros de año en España, que, casualmente o no, preside la Unión.

Tener que enfrentarse a una masa más que furibunda en un país que no pasa por si mejor momento económico y que se aferra a sus libertades como a un clavo ardiendo no es precisamente plato de gusto.

Así empezaba un extraño día que marcaría el comienzo de una revolución a nivel mundial, o un plan muy bien orquestado para dominar el mundo y enriquecer a hombres sin escrúpulos, según de qué lado se esté.